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23 de Julio, 2026

Aumento del cáncer antes de los 50: la pista que ofrece la edad biológica

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Aumento del cáncer antes de los 50: la pista que ofrece la edad biológica

El cáncer continúa estando estrechamente vinculado al paso del tiempo, pero en las últimas décadas algunos tumores han empezado a diagnosticarse con mayor frecuencia en adultos que todavía no han cumplido los 50 años. Dicho aumento no afecta por igual a todos los tipos ni significa que la mayoría de los casos se produzcan ahora entre personas jóvenes. Sin embargo, resulta suficientemente claro en tumores como el colorrectal, el uterino u otros gastrointestinales como para plantear una pregunta: ¿qué está ocurriendo en las generaciones más recientes? Una investigación publicada en Nature Medicine apunta a una posible pieza del problema: el envejecimiento biológico acelerado.

Cumplir años no es exactamente lo mismo que envejecer. La edad cronológica avanza igual para todas las personas: un año cada doce meses. La biológica intenta reflejar el estado del organismo a partir de aspectos como la inflamación, el metabolismo, el funcionamiento inmunitario o la capacidad de los tejidos para repararse. Dos personas nacidas el mismo día pueden tener la misma edad en el calendario y presentar perfiles fisiológicos distintos.

Para estimarla, los investigadores utilizan relojes biológicos, modelos que combinan diferentes indicadores y calculan si el organismo parece encontrarse por delante o por detrás de lo esperado. Uno de los empleados en el nuevo trabajo fue PhenoAge, que integra la edad real con nueve mediciones sanguíneas, entre ellas la glucosa, la creatinina y la proteína C reactiva. El resultado no indica cuántos años “tiene realmente” una persona, sino si su perfil se parece al de alguien con un riesgo de enfermedad y mortalidad mayor o menor de lo habitual para su edad.

El estudio analizó a 154.169 participantes del Biobanco del Reino Unido menores de 55 años. Aunque el cáncer de aparición temprana suele definirse como el diagnosticado antes de los 50, los autores ampliaron el límite porque el incremento parece prolongarse también entre los 50 y los 54. Después repitieron los cálculos con el umbral habitual y obtuvieron resultados similares. Para comprobar si la tendencia aparecía en otra población, utilizaron además datos del programa estadounidense All of Us.

Al comparar personas de edades equivalentes pero nacidas en momentos distintos, observaron que las generaciones más recientes tendían a presentar una edad biológica más avanzada. El patrón apareció tanto en la población británica como en la estadounidense y se mantuvo con diferentes métodos de cálculo. Esto no significa que todas las personas jóvenes estén envejeciendo antes, sino que describe una tendencia general con grandes diferencias entre individuos.

El siguiente paso fue comprobar si esa separación entre edad cronológica y biológica se relacionaba con el desarrollo posterior de tumores. Durante el seguimiento, las personas con un envejecimiento más avanzado presentaron un riesgo un 15 % superior de desarrollar un cáncer sólido de aparición temprana respecto a quienes mostraban los perfiles más jóvenes. La asociación fue especialmente visible en los cánceres de pulmón, gastrointestinales y uterinos, y resultó más débil entre los diagnosticados después de los 55 años.

Los científicos también estudiaron si distintas partes del cuerpo podían envejecer a ritmos diferentes. Para ello analizaron miles de proteínas presentes en la sangre y utilizaron modelos relacionados con órganos y tejidos concretos. El envejecimiento del sistema inmunitario se asoció con un mayor riesgo de cáncer de pulmón de aparición temprana, mientras que el del tejido adiposo se relacionó con el colorrectal. Son resultados que necesitan confirmación, pero apuntan a que el organismo no envejece como una sola unidad.

¿Por qué podría un envejecimiento adelantado favorecer la aparición de un cáncer? Para que una célula alterada llegue a formar un tumor no basta siempre con que acumule mutaciones. También influye el entorno que la rodea. La inflamación persistente, los cambios metabólicos, la pérdida de control inmunitario o las dificultades para reparar los tejidos pueden facilitar que determinadas células sobrevivan y se multipliquen. En el aparato digestivo, por ejemplo, pueden intervenir conjuntamente la grasa visceral, la inflamación y las modificaciones del microbioma intestinal.

La edad biológica podría funcionar como un marcador que reúne las consecuencias de muchas exposiciones. La alimentación, el sedentarismo, la obesidad, las alteraciones del sueño, la contaminación, determinadas sustancias ambientales o las desigualdades sociales pueden actuar durante años y afectar a distintos sistemas a la vez. El estudio no ha identificado cuál de estos factores explica el cambio entre generaciones. Su aportación consiste en detectar una posible consecuencia compartida: algunas personas llegan a la mediana edad con un desgaste fisiológico superior al esperado.

Esto no demuestra que el envejecimiento biológico sea la causa directa del aumento de cánceres jóvenes. Hablamos de una investigación observacional, que identifica una relación, pero no prueba que un fenómeno provoque el otro. Aunque los análisis tuvieron en cuenta el índice de masa corporal, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la alimentación, la actividad física, algunas enfermedades previas y la predisposición genética, pueden existir factores que no se hayan medido correctamente. También es posible que las primeras alteraciones de un tumor todavía no diagnosticado modifiquen ciertos valores sanguíneos y hagan que el organismo parezca biológicamente mayor.

Otra limitación se encuentra en la forma de medir ese envejecimiento. Los relojes biológicos se construyen mediante cálculos estadísticos y no todos reflejan exactamente los mismos procesos. Que varias herramientas apuntaran en una dirección semejante refuerza los resultados, pero las asociaciones no fueron idénticas en todos los análisis. Además, gran parte de la muestra procedía del Reino Unido y algunos modelos todavía tienen una validación limitada entre personas jóvenes y poblaciones de otros países.

Por el momento, no existe un valor a partir del cual una persona deba considerarse en peligro, calcular la edad biológica no permite saber si alguien desarrollará o no cáncer ni justifica cambiar las edades de los programas de cribado. Antes de utilizar estos indicadores en la práctica clínica será necesario seguir a poblaciones más diversas, realizar mediciones repetidas y comprobar si mejoran realmente la predicción frente a los factores de riesgo ya conocidos.

Lo que concluimos por lo tanto es que, la investigación no resuelve por qué determinados cánceres están aumentando entre adultos jóvenes, pero aporta una forma distinta de estudiar el fenómeno. En lugar de buscar una única exposición como causante, propone observar el efecto acumulado que el entorno, los hábitos y el metabolismo pueden dejar sobre el organismo. Si las generaciones más recientes alcanzan antes ciertos cambios biológicos asociados tradicionalmente con la edad, esa aceleración podría contribuir a crear condiciones favorables para algunos tumores. Confirmarlo ayudaría a comprender mejor el aumento y, junto a ello, a identificar nuevas oportunidades de prevención.


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