21 de Mayo, 2026
Ensayar una situación difícil antes de vivirla: realidad virtual, autismo y seguridad

Hay situaciones que para muchas personas pueden parecer rutinarias: responder a una pregunta, seguir una indicación, mantener las manos visibles, mirar a alguien que se acerca o explicar quién eres en pocos segundos. Pero en determinados contextos, especialmente cuando hay presión, ruido, luces, autoridad o miedo, esas acciones pueden dejar de ser sencillas.
Para una persona autista, un encuentro inesperado con la policía puede reunir muchos de esos elementos al mismo tiempo: instrucciones rápidas, lenguaje corporal difícil de interpretar, contacto visual forzado, estímulos sensoriales intensos y una expectativa social muy concreta sobre cómo "debería" comportarse alguien en esa situación, expectativa que no siempre se sabe cómo cumplir. El problema no siempre está en lo que la persona hace, sino en cómo se interpreta desde fuera.
Por eso, una investigación reciente ha puesto el foco en una pregunta tan concreta como relevante: ¿puede la realidad virtual ayudar a personas autistas a prepararse mejor para una interacción con agentes de policía antes de vivirla en el mundo real?
La respuesta, de momento, parece prometedora. Un ensayo clínico aleatorizado publicado en mayo de 2026 en Journal of Autism and Developmental Disorders analizó una intervención de realidad virtual diseñada para que adolescentes y adultos autistas practicaran interacciones con agentes de policía en un entorno inmersivo, controlado y repetible. El estudio incluyó a 47 participantes autistas de entre 12 y 60 años, divididos entre un módulo de realidad virtual (Floreo Police Safety Module) y una intervención basada en vídeo, BeSAFE The Movie. Ambos grupos realizaron tres sesiones de 45 minutos, separadas de media por unos nueve días.
Error de interpretación
Una de las claves del estudio no está solo en la tecnología que usa, sino en el contexto que intenta abordar. Las interacciones con agentes de policía pueden ser una fuente importante de estrés para poblaciones en situación de vulnerabilidad y, en muchas ocasiones, fácilmente malinterpretadas. En el caso de las personas autistas, algunas características asociadas al neurodesarrollo como diferencias en el contacto visual, gestos repetitivos, dificultades para procesar instrucciones verbales de forma rápida o respuestas poco convencionales ante la ansiedad pueden confundirse con nerviosismo, evasión, desafío o falta de cooperación.
La diferencia es importante. No es lo mismo no querer colaborar que no entender qué se espera en ese momento. No es lo mismo apartar la mirada por incomodidad sensorial que evitar una pregunta.
Esa distancia entre conducta e interpretación puede crecer muy rápido en situaciones de tensión, y es ahí donde la preparación contextual cobra valor: no para convertir a la persona autista en alguien que "actúe" de forma neurotípica, sino para familiarizarla con el escenario y reducir el riesgo de fricción en escenarios reales donde las consecuencias pueden ser críticas.
Ensayar sin riesgo
Lo cierto es que la realidad virtual lleva años utilizándose en contextos de formación, simulación clínica y entrenamiento de habilidades, pero su valor no recae únicamente en el nivel de realismo que alcance, sino en que permite repetir una situación sin exponer a la persona a todos los riesgos de la situación real.
En este caso, la intervención permitía practicar habilidades muy concretas: responder a preguntas, mantener las manos visibles, gestionar la presencia de un agente, recibir indicaciones o trabajar ciertos comportamientos que podrían interpretarse de forma negativa en un encuentro real. El entorno virtual facilita además introducir variaciones: diferentes agentes, distintos niveles de ruido, presencia de luces, mayor o menor tensión, cambios en el escenario.
Esa posibilidad de repetir, ajustar y graduar es especialmente relevante. Muchas habilidades sociales no se aprenden solo explicándolas; se aprenden viviéndolas, practicándolas y recibiendo feedback en un entorno donde equivocarse no implique una consecuencia real.
Por eso, la realidad virtual no debería entenderse como un videojuego ni como una herramienta aislada. En este estudio, el módulo se aplicaba dentro de un enfoque cognitivo-conductual, con objetivos definidos, práctica guiada, observación y retroalimentación por parte de un monitor. Es decir, la tecnología funcionaba como escenario, pero la intervención seguía necesitando criterio profesional, acompañamiento y diseño terapéutico.
Cambios tras las sesiones
Ambos grupos de la investigación, el de realidad virtual y el de modelado en vídeo, adquirieron habilidades durante interacciones posteriores. Sin embargo, el grupo de realidad virtual mostró una reducción específica en conductas de inquietud o fidgeting durante interacciones en vivo con agentes, algo que no se observó de la misma manera en el grupo de vídeo. También se identificaron mejoras en la respuesta y en el comportamiento general durante las interacciones reales, especialmente en quienes habían practicado con realidad virtual.
La parte más valiosa es que el estudio no se limitó a preguntar a los participantes si se sentían mejor preparados. La evaluación incluyó una interacción posterior con agentes reales o personal uniformado, grabada y analizada. Esto aporta una medida más cercana a la vida real que una simple percepción subjetiva.
Aun así, conviene no exagerar los resultados. El estudio fue pequeño, trabajó con participantes verbalmente fluidos y con determinados criterios de inclusión, por lo que no representa a todas las personas autistas ni a todos los perfiles de apoyo. Los propios análisis señalan la necesidad de replicar los resultados en muestras más amplias y diversas.
La conclusión, por tanto, no es que la realidad virtual resuelva el problema. La conclusión es más interesante: practicar situaciones difíciles en entornos inmersivos puede ayudar a algunas personas autistas a adquirir habilidades aplicables fuera de la simulación.
El otro lado de la interacción
Hay un punto esencial: no todo el peso debe recaer en la persona autista. La seguridad no puede depender únicamente de que alguien aprenda a responder de la forma que el sistema espera. También es necesario que los profesionales que intervienen en situaciones de emergencia, seguridad, salud o atención social sepan reconocer la diversidad neurológica y adaptar su respuesta.
El propio estudio señala que la solución a largo plazo debe incluir formación para que agentes de policía y demás profesionales actúen con mayor comprensión, empatía, estrategias alternativas y capacidad de contención. Mientras esos cambios se implementan, ofrecer herramientas de práctica a personas autistas puede ser útil, pero nunca debería sustituir la formación institucional de quienes tienen autoridad en una interacción.
Este matiz es importante porque evita una lectura injusta: la tecnología no debe servir para pedir a las personas neurodivergentes que encajen mejor en sistemas poco preparados. Debe servir para crear puentes más seguros entre la persona, el entorno y los profesionales que participan en él.
Formar la mirada que acompaña
La lógica de preparar el criterio profesional con la misma seriedad con la que se transmite el conocimiento está en el corazón de cómo se enseña Psicología en la Universidad Mundae. Comprender el autismo, la neurodivergencia o cualquier realidad humana compleja no se aprende solo en los libros: se aprende observando, ensayando, equivocándose en entornos seguros y volviendo a intentarlo con más recursos. Por eso, una formación que combina base científica, simulación clínica y práctica supervisada desde los primeros cursos no es un lujo, sino la manera más honesta de preparar a quienes acompañarán, en consulta o en cualquier otro contexto, a personas cuya experiencia del mundo no siempre encaja en lo predecible.
Llegar con más recursos
La investigación es modesta respecto al nivel de alcance, pero abre una pregunta en la que merece la pena profundizar: ¿qué otras situaciones cotidianas (en consultas médicas, en aulas, en servicios sociales) podrían beneficiarse de un ensayo previo que reduzca situaciones de tensión antes de que ocurran?
Porque a veces, ensayar una situación difícil antes de vivirla no es una forma de sobreproteger de la realidad. Es una manera de llegar a ella con más recursos.

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