15 de Mayo de 2026
Flexibilidad, tecnología y acompañamiento: las claves de la educación superior sanitaria según el último informe de la UNESCO

A partir del informe mundial de la UNESCO sobre tendencias de la educación superior, analizamos por qué el gran reto no está solo en abrir el acceso a la universidad, sino en acompañar, sostener y reconocer las trayectorias de quienes quieren formarse en ciencias de la salud.
La educación superior vive una paradoja que se puede medir. En los últimos veinte años, la matrícula global ha pasado de 100 a casi 269 millones de estudiantes. Sin embargo, en ese mismo periodo, la tasa bruta de graduación apenas se ha movido: del 22 % en 2013 al 27 % en 2023. El informe mundial de la UNESCO sobre tendencias de la educación superior pone la cifra sobre la mesa y, con ella, una conclusión: el sistema crece en su capacidad de admitir estudiante, pero no al mismo ritmo que su capacidad de hacer que terminen sus estudios.
En ciencias de la salud, esa diferencia entre acceso y egreso tiene un nombre concreto: talento que no llega a la práctica clínica. Una persona que empieza Enfermería y abandona en segundo no es solo una matrícula menos. Es una enfermera que no estará en un turno de noche dentro de cinco años, una capacidad de cuidado que se queda fuera de un sistema sanitario que ya arrastra déficit de profesionales.
El valor de la flexibilidad con acompañamiento
Durante años, el debate público se ha concentrado en quién puede entrar a la universidad. El informe de la UNESCO invita a mover ese foco un paso más allá: cómo avanzan los estudiantes una vez dentro y qué barreras aparecen a mitad de camino. Falta de preparación previa, escaso apoyo institucional o cargas laborales y familiares que compiten con el estudio explican buena parte del abandono.
Esta lectura encaja especialmente bien con la formación sanitaria. Muchas personas que se plantean Enfermería o continuar en ciencias de la salud no parten de una situación ideal. Trabajan, tienen turnos, familia, una trayectoria educativa no lineal o han pausado los estudios durante años. El talento no se pierde por falta de capacidad ni de vocación; se pierde porque el sistema en ocasiones no está diseñado para respaldar recorridos complejos.
La equidad, vista así, no termina en la puerta de admisión. La UNESCO subraya que muchas políticas se concentran en el acceso inicial, pero relajan el apoyo durante la permanencia y la transición al empleo. Y en una titulación que prepara para tomar decisiones sobre pacientes reales, ese acompañamiento intermedio es justo lo que marca la diferencia entre un profesional preparado y una matrícula que se quedó a mitad de camino.
Calidad académica para obtener competencia real
Otro de los ejes del informe es el aseguramiento de la calidad. La expansión de la matrícula, la diversificación de modalidades y la digitalización han hecho que los sistemas que garantizan estándares académicos, comparabilidad y confianza sean cada vez más necesarios.
En sanidad, esto se traduce de forma directa. La calidad universitaria no es una cuestión de reputación ni de acreditaciones decorativas: es la diferencia entre un profesional que sabe actuar en una situación crítica y otro con dudas. Forma conocimientos, pero sobre todo el criterio para aplicarlos cuando ningún protocolo cubre del todo la situación. Esa es la calidad que termina importando: la que se nota en la seguridad de un paciente real, no en una acreditación.
El impulso digital de la formación sanitaria
Aquí el informe abre un capítulo que conviene mirar de cerca, porque está cambiando la forma en que se imparte la formación de ciencias de la salud. Casi el 77 % de los países incluye la digitalización en sus planes nacionales de educación superior y 56 ya disponen de una estrategia formal de inteligencia artificial. Sin embargo, solo el 19 % de las instituciones tenía en 2025 una política formal sobre IA, mientras otro 42 % la estaba elaborando.
Más allá de las estrategias, los números muestran un cambio de comportamiento real. Los usuarios de plataformas universitarias online pasaron de 12,9 millones en 2019 a 31,4 millones en 2024. Y el 51 % de las instituciones de educación superior ofrece ya certificaciones de menos duración (cursos cortos, certificados…), con un 68 % de las restantes planeando incorporarlas en los próximos cinco años.
Para Enfermería y ciencias de la salud este dato revela mucho. Las certificaciones cortas de especialización las realizan, según el propio informe, más mujeres, más personas trabajando, más residentes no urbanos y más estudiantes de rentas bajas y medias. Es decir, justo el perfil que históricamente queda fuera de las trayectorias universitarias tradicionales y que el sector sanitario necesita incorporar para cubrir su demanda. Las vías flexibles como la online o semipresencial son las que permiten que un profesional en activo pueda especializarse sin abandonar su puesto, o que una persona con cargas familiares empiece a formarse sin renunciar a su contexto.
A esto se suma la IA aplicada: simulación clínica avanzada, herramientas de apoyo al diagnóstico y sistemas de tutoría que ajustan el contenido al ritmo de cada estudiante. La UNESCO advierte, eso sí, de que sin marcos sólidos de calidad estas vías flexibles pueden reforzar desigualdades en lugar de reducirlas. El reto formativo, por tanto, no es solo incorporar tecnología, sino integrarla con criterio: lo digital debe ampliar oportunidades sin diluir la exigencia clínica.
Cada trayectoria cuenta
El informe dedica también atención al reconocimiento de cualificaciones y a la situación del personal docente. La movilidad estudiantil ha crecido más de un 300 % desde el año 2000, hasta los 7,3 millones de estudiantes en 2023, pero el reconocimiento de estudios previos sigue siendo un cuello de botella. En el caso de las personas refugiadas y desplazadas, solo el 9 % accede a la educación superior, y los obstáculos administrativos son uno de los principales motivos.
En salud, donde hay personas con experiencia clínica previa, formación iniciada en otros países o trayectorias profesionales en pausa, esa fricción se traduce directamente en talento bloqueado. Y en un contexto donde el déficit de personal sanitario es evidente, esa pérdida agrava la situación.
La otra cara de esa misma idea es el acompañamiento durante el recorrido. Un estudiante que avanza con docentes y tutores que le conocen, le orientan y le corrigen a tiempo no estudia en las mismas condiciones que uno que solo recibe contenido. La UNESCO subraya que la calidad de la enseñanza está estrechamente ligada al apoyo real que el profesorado puede ofrecer a cada alumno, y en Enfermería esa idea tiene una lectura especialmente humana: los buenos profesionales del cuidado no se forman solo con manuales, sino con referentes que les enseñan a mirar al paciente y a entender la responsabilidad que asumirán. Ese acompañamiento sostenido, sumado a la flexibilidad y a la actualización tecnológica, es lo que convierte una matrícula en una titulación finalizada.
La responsabilidad universitaria como vocación
El informe deja una conclusión de fondo: la educación superior ya no puede medirse solo por su capacidad de crecer. También por su capacidad de acompañar, reconocer y preparar para una práctica profesional real. En ciencias de la salud, donde cada estudiante que termina puede convertirse en alguien que cuida, investiga o decide sobre la salud de otros, esa responsabilidad pesa el doble.
En Universidad Mundae entendemos la formación sanitaria desde ese enfoque: exigente y acompañada, flexible y de calidad, conectada con lo que el sistema sanitario realmente necesita. Porque el futuro de la salud empieza mucho antes que el primer turno: empieza cuando alguien que quiere formarse encuentra un camino para llegar hasta el final.

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